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Como salir bien vestido

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De político envenenado a ser el mánager más querido de Latinoamérica. Esa fue la transformación de César Bordón, actor que trabaja hace mucho tiempo, pero en los últimos años ganó reconocimiento gracias a su rol como villano en uno de los episodios de “Relatos salvajes”, y más recientemente, como el representante de Luis Miguel en la aclamada serie de Netflix.

PARIS, FRANCE – JUNE 06: Dj Zdar (Philippe Cerboneschi) from Cassius band performs during day two the Fooding 15th Anniversary Party at Marche Paul Bert Serpette Porte de Clignancourt on June 6, 2015 in Paris, France. (Photo by Foc Kan/Getty Images)

-¿Estás en tu mejor momento?

-No sé si decirlo así. Últimamente estoy más en cine, primero porque es el gremio del que más me llaman. Y además, donde más destacado estoy. Ahora se pueden incluir las series. Cuando volví de México trabajé en “Un gallo para Esculapio” pero después no hice más, y el tema de la tv no me llama mucho, es un poco agobiante.

-¿Sos de elegir proyectos?

-La verdad es que haciendo cuatro o cinco películas por año, estoy tranquilo. No las hago todas en Argentina, me llaman de Brasil, de Bolivia, y hasta hice una serie en Alemania. Ahora sé que en diciembre tengo un compromiso que termina en marzo. Tengo una agenda ajustada así que es un poco difícil meter más cosas. Y me gusta tener dos o tres meses libres… ¡la paso bien así! Y no necesito mucho más.

Este gran momento ¿hizo que pensaras en más sueños?

-No soy muy soñador respecto de hacia dónde va mi carrera. Voy viendo, depende de las posibilidades que tengo, cuál escojo. Estoy muy abierto a otros mercados, porque me llaman y porque muchas veces hay otra proyección y llegada a un público más masivo. Está bueno trabajar en otros lugares, no soy pionero en esto, lo han hecho Sbaraglia, Alterio, Luppi, Darín. Estoy aceptando y acercándome a eso, y tratando de explotarlo. El tema de los festivales internacionales lo permite y conocés directores.

-¿Existe miedo a quedar etiquetado en un rol?

-No tengo una estrategia, está bueno hacer de todo tipo de roles. El tema es que te tomen en serio como actor. Y cuando pasan esas cosas y tenés éxito o tu papel gusta empiezan a considerar actor al que trabaja en el medio. Muchos, a partir de eso quieren que repitas la fórmula. No sé si es bueno despegarse pero sí apoyarse en eso para poder despegar. Tiene que ver con el tema del actor, si tiene más recursos como para poder navegar otras aguas.

-¿Qué hacés para evitarlo?

-Es una gran fortuna poder tocar diferentes partituras. Me creen tocando rock y me creen tocando boleros. Está muy bueno porque a veces uno se agarra de un solo género. Yo tengo un pasado en la comedia, trabajé con La Banda de la Risa, con Antonio Gasalla, después en “No hay dos sin tres”, con Pablo y Pachu, y me corrí de ese lugar por una decisión personal y porque no aparecía nada que me gustara. Me metí a esto de ser un “actor serio” entre comillas.

¿Y cuando llegó el personaje de la biopic de Luismi?

-Fue una gran ventaja porque pude abrirme a más mercado. Con la serie de Luis Miguel te conoce el cirujano, el enfermero, el verdulero y el maestro de tu hija. Lo que sigue pasando con la serie es demencial a punto tal que está abierto a todo el mundo. En Instagram te saluda gente que dice que a la una de la madrugada en Londres está viendo la serie y que estás brillante. Son cosas fuertes.

-¿Cómo te llevás con el reconocimiento del público?

-Lo llevo bien, trato de seguir mi vida como siempre. Tengo algunas prohibiciones, me peino y me visto mejor para salir a la calle porque no sabés con quién te encontrás. Una vez me crucé con alguien que me pidió una foto para Instagram y cuando la vi dije “no puede ser”, no podía salir con esa cara. Me produzco un poco más.

-¿El éxito da seguridad?

-En términos futbolísticos, si vas a patear un penal y pensás que vas a salir en la tapa de un diario, lo más probable es que lo erres. Entonces hay que mirar la pelota y concentrarse en eso. Es lo que trato de hacer en cada proyecto.

-¿Cómo vivís la crisis?

-La veo con preocupación por el país en general. Trabajo en el rubro del entretenimiento, y eso, así como los servicios, son los que más caen en las crisis. La que me pegó mucho y me dejó muy mal parado fue la del 2001, ya estaba trabajando, pero se armó una muy brava. Ahora no me toca tan íntimamente por estar trabajando para otros mercados, aunque sí me limita en otras cuestiones. No lo vivo con preocupación personal, pero sí con pena.

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